Intervención
Se definió una estructura simple de análisis: líneas de servicio, tipologías de proyecto y centros de coste. A partir de ahí, se acordaron reglas de imputación: qué costes se asignan directamente, cuáles se reparten y con qué criterio. El objetivo era crear consistencia, aunque el dato inicial fuese imperfecto.
Se construyó un cuadro de mando mensual con tres vistas: margen por línea, margen por tipología y capacidad del equipo (disponibilidad vs. horas comprometidas). El reporte se acompañó de un guion de revisión: preguntas que debe responder la reunión y decisiones que se registran. Esto redujo discusiones sobre “qué números son” y aumentó el tiempo dedicado a decidir.
Para el equipo comercial, se definieron rangos orientativos de precio mínimo por tipo de proyecto según complejidad y esfuerzo estimado. No se trató de automatizar presupuestos, sino de introducir criterios compartidos. Se dejó por escrito el proceso de actualización mensual para evitar que el cuadro de mando dependa de una sola persona.